La lectura es un acto de amor por ti

En esta primera entrega  quiero hacer una reflexión sobre lo que significa el acto de leer en las diferentes etapas de nuestra vida y cómo este encuentro nos hace sentir contenidos al tiempo que fortalece nuestro amor propio, las relaciones con el otro y nuestro desarrollo emocional.

Cuando estamos pequeñitos los primero que leemos es el rostro de nuestra madre luego su voz, los arrullos de papá y mamá y sentimos el ritmo del corazón. Momentos que pueden llegar a tranquilizarnos, palabras que al estar acompañadas de alimentos, nutren y son nuestro kit de supervivencia, gestos y mimos que nos sacan sonrisas. Eso es un acto de amor, un encuentro maravilloso.

Al crecer, las palabras tomas dos poderes mágicos: ser curativas y ser escudo protector. El primero, porque cuando sufrimos una pequeña herida aparece el Sana que sana, colita de rana, y listo! Estamos curados o al menos tenemos la certeza de que dejará de doler, pasará pronto y nuestra atención y pensamiento ya se van a otra cosa. Y de escudo protector porque no me dejarán mentir al decirles que al atravesar una noche que puede estar amenazada por monstruos, fantasmas y oscuridad, es el relato, la voz y el abrazo quienes dan las herramientas para enfocarnos en la magia y disipar cualquier riesgo de que un pequeño monstruo se meta en la cama o se quede mirándonos desde el armario.

Cuando aparece la escolarización y reconocemos que el proceso de alfabetización es difícil, si los profes lo aderezan con buenas y múltiples lecturas mediadas por ritmos, por magia, por anécdotas, por música, por historias con inicio y fin y que tienen como ingrediente un ambiente en el que está permitido sonreír y compartir, la lectura fluye y el amor por las palabras crece, el interés por escribir o crear para comunicar se despierta al igual que el de descifrar lo que está ocurriendo en la historia o ponerse en el lugar de los personajes. En fin, recorrer este proceso lector de la mano del afecto es mucho mejor.

Seguimos creciendo y en ocasiones nuestros intereses cambian y si el ambiente no contagia, nos vamos de la lectura y es una etapa de crisis, en la que es común escuchar, no quiero leer, leer me cansa, es aburrido; se amplían los distractores, surgen nuevos pasatiempos y es mejor estar con  los grupos que conectan con otras habilidades que tengo. Pero les puedo decir que allí, aún dormida, las buenas historias nos dan tiempo pero esperan que regresemos a ellas y es indudable que  lo hacemos porque le vimos un libro a alguien, porque quien que estaba atravesando una dificultad como la mía me recomendó ese libro, porque otra persona en un acto de amor me regaló un libro, porque un profe le puso tanta expectativa que era absolutamente necesario que yo lo leyera. ¡Y volvemos! y cuando lo hacemos empieza esa magia pre adolescente y adolescente a florecer, y lo que antes eran actos de amor de otro hacia mi, se va convirtiendo en un acto de amor por mi y para mi.

Siento entonces que la historia me habla o que habla de mi, empiezo a seleccionar aún con más fuerza el género, autor, trama que me gusta y me doy a la tarea de buscar, de elegir, de acomodar mi tiempo, de pedir respeto por mis momentos de lectura, descubro además dónde y cuándo quiero leer y no me importa si no es nada convencional, pero además y es otra de las cosas importantes, descubro con quién lo quiero compartir, a quién recomendárselo, porque desde el valor que le doy, desde la emoción que me produce y desde ese desborde de sentimientos que provoca en mi, quiero que otro lo vea, lo sienta y disfruto cuando alguien más regresa a contar cómo le fue. Y eso, es un acto de amor por los demás.

Así que si, en este corto recorrido quiero dejar absolutamente claro que leer es definitivamente un acto de amor.

Liliana Martes Camargo